Sobre el blog

Este espacio tiene como propósito difundir la obra de María E. Caparrós.
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martes, 29 de julio de 2025

UN ORATORIO PARA TODOS LOS CREDOS


Creo que una vida no sólo se define por lo realizado, sino también por los sueños que quedaron sin cumplir.
                                                                              Y en ese sentido, mi madre tampoco se quedó corta


Como curiosa irredenta que supo ser, una vez jubilada decidió seguir estudiando. Uno de sus sueños había sido poder tocar el solo para corno de Tchaicovsky, de su amada quinta sinfonía, y allí fue ,-corno en mano-, hasta su también amado Conservatorio Nacional de Música Carlos López Buchardo, con el propósito de estudiar el instrumento. Llegó a completar el ciclo básico, y aun con algunas dificultades técnicas, pudo cumplir el sueño de tocar ese pasaje sublime de la sinfonía N°5.
Pero hubo otros sueños que se escaparon de lo estrictamente musical. Por ejemplo, su paso por el Centro Cultural Ricardo Rojas, en donde se puso a estudiar por las mismas épocas, nada menos que los idiomas árabe y hebreo en simultáneo. Mi madre a veces se excedía en su afán de abarcar, -casi escribo 'abrazar', y creo que quería abrazarlo todo, o casi todo-. Aunque este pasaje fue más que nada una aventura, fue una aventura con sentido, ya que siempre admiró ambas culturas, cosa que no se cansó de decir a quien quisiera oírla.
Siendo yo pequeña, recuerdo que asistió a un curso de cultura arábiga, y quien lo impartía ofreció dar una charla en mi propia casa, a la que concurrieron unos cuantos invitados.
Mi madre era amante de las canciones sefaradíes, género que supo cultivar, entre otros tantos.
Ya jubilada, visitó sinagogas en festividades específicas, para escuchar el sonido del shofar. Y más tarde, pudo darse el gran gusto de visitar Egipto.
De hecho, mi padre, - de quien se separó  siendo yo muy pequeña-, era de origen judío, aunque no profesaba esa religión, y cuentan por ahí que muchos años después se enamoró de un hombre nativo de países árabes, aunque nadie más que ella lo conoció.
Detalles más, detalles menos, el caso es que mamá era, -como también sabía decir muy a menudo- una 'católica practicante', lo cual fue un hecho comprobable a lo largo de su vida. Sin embargo, su forma de vivir la religión también fue mutando y tornándose más flexible, aunque nunca hubiera sido rígida, ya que desde el vamos su forma de pensar lo religioso estuvo imbuida de un profundo sentido ecuménico.
Uno de sus sueños musicales más audaces, -junto con otro, del que en algún momento hablaré-, fue el de llegar a componer un oratorio para todos los credos. Y aunque no estoy segura acerca de que existan apuntes propiamente musicales del mismo, sí lo estoy de que ella tomara apuntes, y armara un plan mental de articulación de diferentes oraciones correspondientes a su vez a distintos credos. Iba recolectando ideas, curiosidades y documentos, pero no llegó a cumplir su propósito.
Como bien dije al inicio, ésta que soy cree ahora que las personas nos definimos también por la cualidad de eso que dejamos inconcluso, es decir por el monto de vitalidad de nuestros deseos, por la fuerza con que deseamos concretar eso que deseamos, y en ese sentido, el sueño de mamá, -o, mejor dicho, uno de los sueños confesados por ella- habla de una cualidad noble, caleidoscópica, humanista y generosa...
Habla de una cualidad cálida, si vale el juego de palabras, como cálida se tornó cada vez más su mirada sobre la vida.
Podría decir que no sé por qué, pero en realidad sí sé que las terribles e ignominiosas imágenes de la guerra atroz que transcurre en estos mismos momentos en esas lejanas tierras, me ha traído el recuerdo del sueño de mamá, que hago propio, y extensivo a la humanidad de la que formamos parte, y que necesita alimentarse de esa calidez, y de esa cualidad ecuménica más que nunca.
Bien podría coronar estas palabras con el recuerdo de la frase con la que ella dedicaba en sus últimos años todo lo que escribía, musical o no: "¡Gloria a Dios!", no sé si emulando al enorme Bach, o sencillamente porque tuvo ganas.
Gloria, entonces, a todo eso que se corresponde con el amor a la vida, y que lo soñemos, para hacerlo realidad. Amén


jueves, 14 de noviembre de 2024

Encarnación Caparrós: educadora inusual y progresista


Una de las facetas más interesantes relativas a las personas que enseñan a otras un arte, es cómo lo hacen, desde qué perspectiva y con qué propósito.

En ese sentido, es un gusto para mí poder relatar algo de lo que mi madre,- Encarnación, o "Ena", como le gustaba llamarse el último tiempo-, realizó en su labor educativa.

Lo que más le gustaba a ella era "alentar" a sus alumnos. Alentar es ni más ni menos que dar aliento, dar aire, viento, alas... Estaba convencida de que todos sus alumnos debían, -lo antes posible-, pasar por la experiencia de tocar frente al público. Y también creía, -y esto en su generación no fue nada frecuente-, que esa experiencia no estaba reservada a los mejores, sino a todos por igual.

Era bastante pintoresco observar ciertas caras de desaprobación en quienes se aburrían con los desaciertos y pifias que llegaban desde el escenario del por entonces Conservatorio Nacional de Música Carlos López Buchardo, -institución en que ambas nos formamos-, en las Audiciones mensuales.

Las mismas tenían por propósito, justamente, facilitar a los alumnos la experiencia de tocar ante el público, pero creería no equivocarme si digo que mi madre era la única que le daba esa posibilidad a todos sus discípulos por igual.

Tampoco era frecuente, -y me atrevería a decir que hoy tampoco lo es tanto como debería-, que la metodología del profesor se cimentara en la devolución de los logros del estudiante como primer objetivo. Lo primero que mi madre hacía después de escuchar a cualquier alumno, era detenerse en lo mejor, lo más significativo que hubiera logrado a nivel técnico o expresivo. Luego, -y sólo luego-, pasaba con mucha calidez a repasar los desaciertos, y con una paciencia notable, a propiciar la repetición de aquello que según ella "estaba rengo", las veces necesarias para que dejara de estarlo o se encaminara.

Una de las pautas de estudio que supo legarme, consistía en nunca repetir una obra desde el principio ante una pifia o problema técnico, dado que eso equivalía a fortalecer lo que ya salía bien, para nunca terminar de abordar lo que salía mal. Su método consistía en aislar el pasaje dificultoso y repetirlo lo más lento posible a fin de desmenuzar el lugar donde se escondía la dificultad, para barajar y dar de nuevo. Sólo cuando ese "pie rengo" podía seguir al sano en su ritmo y fluidez , se retomaba la obra, pero siempre eligiendo como parámetro para su homogeneidad, la velocidad de la renguera.

Era algo cotidiano verla conversar en los pasillos con cuanto alumno se la encontrara, como también la calidez ineludible que sabía brindarles. La vi recoger despojos de personas maltratadas por sus docentes de instrumento, -en este caso, el piano-, a punto de no poder o no querer tocar más. No sé si siempre logró que volvieran a hacerlo, pero al menos su actitud  no sumó más daño al daño recibido a través de esas críticas despiadadas, tan frecuentes entre músicos y bailarines.

Tanto en su rol de profesora de Piano, como en el de Regente y luego Supervisora de la ex DINADEA (Dirección Nacional de Enseñanza Artística), nada la hizo más feliz que alentar en su labor a alumnos y profesores de distintas regiones del país. Una labor mil veces silenciosa, necesitada también de estímulo: formar músicos. Recuerdo como hija las experiencias en los polivalentes de arte y escuelas de música de Santa Rosa, Rosario y Oberá, lugares a los que fue varias veces, y regresaba siempre  llena de admiración por la calidad y el carácter renovador de los conocimientos allí impartidos.

Reforzando el propósito de que quienes se iniciaban pudieran "foguearse" en el escenario, creó su "Conjunto Brevis", que tuvo distintas etapas y formaciones, y a través del cual buscaba conjugar las posibilidades de los distintos integrantes en la interpretación de obras de dificultad afín, sobre todo en música de cámara.

Por el Conjunto Brevis pasaron muchos talentos que luego fueron reconocidos públicamente, y otros muchos  instrumentistas y cantantes que no eran tan dotados, pero que seguramente podrán guardar en su memoria ese momento feliz de compartir música, que no otra cosa se propone la gran hermanadora de la humanidad que vernos disfrutarla y compartirla como uno de los mayores hallazgos del género humano.






miércoles, 19 de junio de 2013

Encarnación Caparrós: Resonancias

María Encarnación Caparrós, -mi madre-, falleció el lunes quince de abril de dos mil trece.
Sus manos, ésas, las de los últimos días, dan cuenta de un espíritu que aún en circunstancias adversas, no dejó de jugar y de intentar.
Murió viviendo, y dejó una obra que sobrevivirá su paso por esta tierra.
También las acciones originadas en la generosidad, la vitalidad y la bonomía, forman parte de las cualidades que completan la calidad de un artista.Esas cualidades eran parte de su esencia, y, -como hija-,  me habitarán siempre.

Resonancias de esas "canciones que me enseñó mi madre"...


martes, 1 de noviembre de 2011

María Encarnación Caparrós




Compositora, pianista y cantante argentina, nacida en Almería, -España-, el 2 de julio de 1930.


Egresa del Conservatorio Nacional de Música "Carlos López Buchardo" como Profesora Superior en las tres especialidades mencionadas (Piano, Canto y Composición).


Ha desarrollado una vasta actividad como concertista y como compositora, difundiendo a través de sus presentaciones, -tanto en el país como en el exterior-, no sólo su propia obra, sino la de importantes exponentes de la música argentina e iberoamericana.


Integró los grupos de compositores "Núcleo Música XX" y "Ars Contemporanea".


Asimismo ha llevado a cabo una importante labor en la Educación Musical, -tanto en el Conservatorio Nacional de Música "Carlos López Buchardo" como en otras áreas y niveles-, siendo fundadora del "Conjunto Brevis", grupo creado con el propósito de iniciar a los jóvenes músicos tempranamente en su práctica escénica.


En sus composiciones, predomina el lenguaje atonal, en muchos casos impregnado de influencias del acervo musical español.