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martes, 29 de julio de 2025
UN ORATORIO PARA TODOS LOS CREDOS
jueves, 14 de noviembre de 2024
Encarnación Caparrós: educadora inusual y progresista
Una de las facetas más interesantes relativas a las personas que enseñan a otras un arte, es cómo lo hacen, desde qué perspectiva y con qué propósito.
En ese sentido, es un gusto para mí poder relatar algo de lo que mi madre,- Encarnación, o "Ena", como le gustaba llamarse el último tiempo-, realizó en su labor educativa.
Lo que más le gustaba a ella era "alentar" a sus alumnos. Alentar es ni más ni menos que dar aliento, dar aire, viento, alas... Estaba convencida de que todos sus alumnos debían, -lo antes posible-, pasar por la experiencia de tocar frente al público. Y también creía, -y esto en su generación no fue nada frecuente-, que esa experiencia no estaba reservada a los mejores, sino a todos por igual.
Era bastante pintoresco observar ciertas caras de desaprobación en quienes se aburrían con los desaciertos y pifias que llegaban desde el escenario del por entonces Conservatorio Nacional de Música Carlos López Buchardo, -institución en que ambas nos formamos-, en las Audiciones mensuales.
Las mismas tenían por propósito, justamente, facilitar a los alumnos la experiencia de tocar ante el público, pero creería no equivocarme si digo que mi madre era la única que le daba esa posibilidad a todos sus discípulos por igual.
Tampoco era frecuente, -y me atrevería a decir que hoy tampoco lo es tanto como debería-, que la metodología del profesor se cimentara en la devolución de los logros del estudiante como primer objetivo. Lo primero que mi madre hacía después de escuchar a cualquier alumno, era detenerse en lo mejor, lo más significativo que hubiera logrado a nivel técnico o expresivo. Luego, -y sólo luego-, pasaba con mucha calidez a repasar los desaciertos, y con una paciencia notable, a propiciar la repetición de aquello que según ella "estaba rengo", las veces necesarias para que dejara de estarlo o se encaminara.
Una de las pautas de estudio que supo legarme, consistía en nunca repetir una obra desde el principio ante una pifia o problema técnico, dado que eso equivalía a fortalecer lo que ya salía bien, para nunca terminar de abordar lo que salía mal. Su método consistía en aislar el pasaje dificultoso y repetirlo lo más lento posible a fin de desmenuzar el lugar donde se escondía la dificultad, para barajar y dar de nuevo. Sólo cuando ese "pie rengo" podía seguir al sano en su ritmo y fluidez , se retomaba la obra, pero siempre eligiendo como parámetro para su homogeneidad, la velocidad de la renguera.
Era algo cotidiano verla conversar en los pasillos con cuanto alumno se la encontrara, como también la calidez ineludible que sabía brindarles. La vi recoger despojos de personas maltratadas por sus docentes de instrumento, -en este caso, el piano-, a punto de no poder o no querer tocar más. No sé si siempre logró que volvieran a hacerlo, pero al menos su actitud no sumó más daño al daño recibido a través de esas críticas despiadadas, tan frecuentes entre músicos y bailarines.
Tanto en su rol de profesora de Piano, como en el de Regente y luego Supervisora de la ex DINADEA (Dirección Nacional de Enseñanza Artística), nada la hizo más feliz que alentar en su labor a alumnos y profesores de distintas regiones del país. Una labor mil veces silenciosa, necesitada también de estímulo: formar músicos. Recuerdo como hija las experiencias en los polivalentes de arte y escuelas de música de Santa Rosa, Rosario y Oberá, lugares a los que fue varias veces, y regresaba siempre llena de admiración por la calidad y el carácter renovador de los conocimientos allí impartidos.
Reforzando el propósito de que quienes se iniciaban pudieran "foguearse" en el escenario, creó su "Conjunto Brevis", que tuvo distintas etapas y formaciones, y a través del cual buscaba conjugar las posibilidades de los distintos integrantes en la interpretación de obras de dificultad afín, sobre todo en música de cámara.
Por el Conjunto Brevis pasaron muchos talentos que luego fueron reconocidos públicamente, y otros muchos instrumentistas y cantantes que no eran tan dotados, pero que seguramente podrán guardar en su memoria ese momento feliz de compartir música, que no otra cosa se propone la gran hermanadora de la humanidad que vernos disfrutarla y compartirla como uno de los mayores hallazgos del género humano.
miércoles, 19 de junio de 2013
Encarnación Caparrós: Resonancias
Sus manos, ésas, las de los últimos días, dan cuenta de un espíritu que aún en circunstancias adversas, no dejó de jugar y de intentar.
Murió viviendo, y dejó una obra que sobrevivirá su paso por esta tierra.
También las acciones originadas en la generosidad, la vitalidad y la bonomía, forman parte de las cualidades que completan la calidad de un artista.Esas cualidades eran parte de su esencia, y, -como hija-, me habitarán siempre.
Resonancias de esas "canciones que me enseñó mi madre"...
martes, 1 de noviembre de 2011
María Encarnación Caparrós
Egresa del Conservatorio Nacional de Música "Carlos López Buchardo" como Profesora Superior en las tres especialidades mencionadas (Piano, Canto y Composición).
Ha desarrollado una vasta actividad como concertista y como compositora, difundiendo a través de sus presentaciones, -tanto en el país como en el exterior-, no sólo su propia obra, sino la de importantes exponentes de la música argentina e iberoamericana.
Asimismo ha llevado a cabo una importante labor en la Educación Musical, -tanto en el Conservatorio Nacional de Música "Carlos López Buchardo" como en otras áreas y niveles-, siendo fundadora del "Conjunto Brevis", grupo creado con el propósito de iniciar a los jóvenes músicos tempranamente en su práctica escénica.
En sus composiciones, predomina el lenguaje atonal, en muchos casos impregnado de influencias del acervo musical español.





